PATÉTICA

El festival de cag*das – Parte VI: ¡Seré la más p*ta de todas!

Estaba terminando el 2008 y la verdad ni siquiera recuerdo haber saludado a Chadd por Navidad. Lo que sí recuerdo bien, es que acabé el año arrepintiéndome de haber gastado tanto dinero y haber perdido tanto tiempo para que al final el chico, al darse cuenta que yo no iría, él simplemente decidiera dejar de hablarme.

Es decir, se alejó y punto, todo resuelto. Yo pensé que él haría algo más por mí y me sentí realmente muy estúpida. ¿Cómo que siempre me pasa lo mismo, no? Me encanta un chico, doy todo por él y cuando la cosa se pone difícil, el tipo decide que no me quiere más y se aleja. Entonces, al final de la historia quedo yo como la super boba enamorada que muere y mata por un hombre que no es capaz de mover un grano de arena. ¡Divino!

Lloré, hice pataleta, me dio rabia, cólera y lo que le sigue a eso. Pensé una y mil veces:

‘¡Nunca más me voy a enamorar de nadie! Soy una estúpida, ¿cómo rayos le voy a creer a un hombre? Ni mi familia me quiere, ¿cómo es que un tipo que no es mi nada me va a querer?’

Odiaba a todo el mundo y lo único que quería era ver sufrir a todo lo que se moviera.

‘¡Seré la más p*ta de todas!’, pensaba.

‘Todos van a arrodillarse por estar conmigo, van a sufrir, van a llorar todo lo que yo he llorado’, decía.

‘Se van a arrepentir de haber nacido’, me creía la viuda negra.

Pasé año nuevo con una amiga del colegio y a los 3 días más o menos iniciaba el ciclo de ‘la pre’ (el centro pre universitario). Se suponía que debía ir a clase durante el verano para ingresar directo a la universidad (que, ya que estamos, ni siquiera quería estudiar… Es decir, no sabía qué estudiar).

Cuando empezó ‘la pre’ no tenía pensado, ni siquiera se me cruzaba por la cabeza fijarme en un ‘mocosito’ de ahí. Es que en realidad todos, todos eran menores que yo. Yo tenía 18 recién cumplidos, era mayor de edad, me creía mil, y los demás eran chicos recién egresados del colegio, con 16/ 17 años. Hasta me daban risa.

Un día de esos, no sé cómo ni a cuento de qué, se me ocurrió ponerme a textear (enviar SMS) a un tipo que veía el tema de mis cuentas en un banco. La verdad es que no sé por qué le escribí, creo que su comentario medio coqueto un día que fui a la agencia me llamó la atención. Ya saben, cuando te despiertan la curiosidad de ‘a ver qué pasa’.

El tipo tenía 28 años, literal me llevaba 10 años, era casado. Me llevaba años luz de recorrido y yo me creía lo suficientemente z*rra para involucrarme con él. No tenía idea en lo que me estaba metiendo.

Le envié un texto diciendo que acababa de comer un dulce (que a él le gustaba) y creo que intenté hacerle la conversación. Estuvimos mensajeando durante un rato y a los días quedamos en vernos saliendo de la pre.

Me fui hasta la agencia del banco y me senté delante de su escritorio. Me hice la tonta como que quería hacerle una consulta y luego salimos de ahí.

Fuimos a la calle, a conversar mientras él se fumaba un cigarro.

‘¿Quieres?’, me dijo.

‘¡Puaj! Yo no fumo, eso hace daño’, le respondí, ingenua yo.

Él se sonrió. Me dio la razón.

Conversando, me contó que era casado, que su matrimonio no funcionaba. Y que estaba pensando en separarse. Me echaba un poco los perros y luego salimos de ahí.

‘Pero si te va mal, ¿para qué sigues ahí? ¿No es eso peor?’, le dije.

‘Es que es complicado’, me respondió.

‘¿Y entonces prefieres engañarla?’, le dije.

‘Es que sí la amo, pero las cosas no van bien’, me dijo.

‘¡Los hombres son muy raros!’, exclamé.

Se rió fuerte. Sonó su teléfono.

‘¡Hola, compadrito! … Sí, sí, ¡claro! ¡De todas maneras estaré ahí! …’

Luego colgó.

‘¿En qué estábamos?’, me dijo, mirándome.

‘¡Hola, compadrito!’, le dije, remedándolo con tono petulante.

‘Jajajajajaja. ¡Bebé!’, se rió fuerte. Me abrazó. ‘¿Quieres ser mi bebé?, continuó.

‘¿Y eso qué significaría?’, le pregunté.

Me besó.

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